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Acné: causas, tipos, tratamientos y consejos para tu piel

  • dradiazmagister
  • 24 nov 2025
  • 12 Min. de lectura

Dra. Cristina Díaz Magister

Artículo revisado y actualizado por: Dra. Cristina Díaz Magíster

Última revisión: 24 de noviembre de 2025

Introducción


    El acné es mucho más que un simple problema estético. Se trata de una afección dermatológica que afecta a millones de personas en todo el mundo, independientemente de su edad, género o condición social. Aunque comúnmente se asocia con la adolescencia, la realidad es que el acné puede persistir en la edad adulta o incluso aparecer por primera vez después de los 25 años, generando no solo molestias físicas sino también un impacto significativo en la autoestima y la calidad de vida de quienes lo padecen.


   Muchos pacientes llegan a la consulta después de haber probado múltiples productos y remedios caseros sin obtener los resultados esperados, la desinformación sobre el acné es abundante, y la cantidad de productos disponibles en el mercado puede resultar abrumadora. Por eso es fundamental entender que el acné no es simplemente una cuestión de "piel sucia" o falta de higiene, sino una condición médica compleja que involucra factores hormonales, genéticos, inflamatorios y ambientales (Williams et al., 2012).


    Comprender las causas subyacentes del acné, identificar correctamente su tipo y severidad, y aplicar un tratamiento basado en evidencia científica son pasos esenciales para lograr una mejoría real y duradera. En este artículo, abordaremos de manera integral todo lo que necesitas saber sobre esta enfermedad cutánea: su fisiopatología, las opciones terapéuticas más efectivas y revisamos consejos prácticos que puedes implementar en tu rutina diaria. Con el objetivo de proporcionarte información rigurosa y útil que te permita tomar decisiones informadas sobre el cuidado de tu piel y reconocer cuándo es el momento adecuado para buscar ayuda profesional.


    Es importante destacar que cada persona es única, y lo que funciona para uno puede no ser adecuado para otro. Por ello, si tu acné es persistente, severo o está afectando tu bienestar emocional, te recomiendo solicitar una cita médica para recibir una evaluación personalizada y un plan de tratamiento adaptado a tus necesidades específicas.


Tratamiento del acné

¿Qué es el acné y por qué aparece?


    El acné vulgar, conocido simplemente como acné, es una enfermedad inflamatoria crónica de la unidad pilosebácea, que incluye el folículo piloso y la glándula sebácea asociada. Esta condición se caracteriza por la presencia de comedones (puntos negros y blancos), pápulas, pústulas, nódulos y, en casos severos, quistes que pueden dejar cicatrices permanentes (Zaenglein et al., 2016).


    La patogénesis del acné es multifactorial e involucra cuatro mecanismos principales:

  • Producción excesiva de sebo: las glándulas sebáceas producen una sustancia oleosa llamada sebo que ayuda a lubricar la piel. Sin embargo, cuando esta producción se incrementa debido a factores hormonales, particularmente andrógenos como la testosterona, los poros pueden obstruirse más fácilmente. Este exceso de sebo crea un ambiente propicio para el desarrollo del acné (Makrantonaki et al., 2011).

  • Hiperqueratinización folicular: en condiciones normales, las células muertas de la piel se desprenden gradualmente y son eliminadas. En el acné, existe una descamación anormal de estas células dentro del folículo piloso, lo que provoca una acumulación que, junto con el sebo, forma un tapón que obstruye el poro. Esta obstrucción es el primer paso en la formación de los comedones.

  • Colonización bacteriana: el Cutibacterium acnes (anteriormente conocido como Propionibacterium acnes) es una bacteria que habita naturalmente en la piel. Cuando los poros se obstruyen, este microorganismo prolifera en el ambiente anaeróbico del folículo obstruido, contribuyendo significativamente al proceso inflamatorio (Dréno et al., 2018).

  • Respuesta inflamatoria: la presencia de bacterias, junto con la ruptura del folículo obstruido, desencadena una respuesta inmunológica que se manifiesta como inflamación. Esta respuesta es la responsable de las lesiones rojas, dolorosas y, en casos severos, de la formación de quistes y la aparición de cicatrices.


    Además de estos mecanismos primarios, existen diversos factores que pueden influir en la aparición o el empeoramiento del acné. Los cambios hormonales durante la pubertad, el ciclo menstrual, el embarazo o el síndrome de ovario poliquístico pueden desencadenar brotes. El estrés, aunque no causa directamente el acné, puede agravarlo al estimular la producción de hormonas como el cortisol. Ciertos medicamentos, como los corticosteroides o algunos anticonceptivos, también pueden tener un efecto sobre la piel. La dieta, particularmente el consumo elevado de alimentos con alto índice glucémico y productos lácteos, ha mostrado en algunos estudios una posible asociación con el acné, aunque se requiere más investigación al respecto (Melnik, 2015).


Acné: causas, tipos, tratamientos y consejos prácticos

Tipos de acné: identificando las lesiones


    El acné no es una condición uniforme; se presenta en diferentes formas y niveles de severidad. Reconocer el tipo de lesión es fundamental para establecer un tratamiento adecuado.


Acné comedónico: este es el tipo más leve de acné y se caracteriza por la presencia predominante de comedones, sin lesiones inflamatorias significativas. Los comedones pueden ser abiertos (puntos negros) o cerrados (puntos blancos). Los puntos negros aparecen cuando el poro obstruido permanece abierto y el sebo oxidado adquiere un color oscuro. Los puntos blancos, en cambio, se forman cuando el poro está completamente cerrado, creando una pequeña protuberancia blanquecina bajo la piel.


Acné pápulo-pustuloso: en este tipo, además de los comedones, aparecen lesiones inflamatorias. Las pápulas son pequeñas elevaciones rojizas y sensibles al tacto, mientras que las pústulas son similares pero contienen pus en su centro, dándoles un aspecto blanquecino o amarillento. Este tipo de acné puede causar molestias y requiere un tratamiento más activo para prevenir su progresión.


Acné nodular: se caracteriza por la presencia de nódulos, lesiones sólidas, dolorosas y profundas que se forman debajo de la superficie de la piel. Estos nódulos resultan de la acumulación de células, sebo y bacterias en capas más profundas de la dermis. Este tipo de acné es más severo y tiene mayor riesgo de dejar cicatrices permanentes.


Acné quístico: es la forma más grave de acné. Los quistes son lesiones grandes, llenas de pus, profundas y muy dolorosas. A menudo resultan de la ruptura del folículo infectado en las capas profundas de la piel, desencadenando una intensa respuesta inflamatoria. Este tipo de acné casi siempre requiere tratamiento médico especializado y puede dejar cicatrices significativas si no se maneja adecuadamente (Zaenglein et al., 2016).


Acné fulminante: aunque poco común, es una forma extremadamente severa y rara que se presenta principalmente en hombres jóvenes. Se caracteriza por la aparición súbita de acné nodular y quístico acompañado de síntomas sistémicos como fiebre, dolor articular y malestar general. Requiere atención médica urgente.


 La clasificación del acné también puede hacerse según su severidad: leve (principalmente comedones con pocas lesiones inflamatorias), moderado (mayor número de pápulas y pústulas) y severo (presencia de nódulos, quistes y riesgo alto de cicatrices).


Mitos y realidades sobre el acné


    Existen numerosos mitos sobre el acné que pueden llevar a tratamientos inadecuados o incluso contraproducentes. Es importante desmitificar algunas de estas creencias:


  1. "El acné es causado por falta de higiene": Falso. Aunque mantener la piel limpia es importante, el acné no es el resultado de suciedad. De hecho, lavar la cara con demasiada frecuencia o con productos agresivos puede irritar la piel y empeorar el acné. La recomendación es lavar el rostro dos veces al día con un limpiador suave (American Academy of Dermatology, 2023).

  2. "El sol mejora el acné": Parcialmente falso. Aunque la exposición solar puede dar la impresión inicial de mejoría por el secado de las lesiones y el bronceado que las disimula, a largo plazo puede empeorar el acné y aumentar el riesgo de daño cutáneo. Además, muchos tratamientos para el acné aumentan la sensibilidad al sol.

  3. "El chocolate y las comidas grasas causan acné": La relación entre dieta y acné es compleja. Si bien no existe evidencia sólida de que el chocolate o las comidas grasas por sí mismas causen acné, algunos estudios sugieren que dietas con alto índice glucémico y ciertos productos lácteos podrían influir en algunos casos (Melnik, 2015). La respuesta es individual y puede variar entre personas.

  4. "El acné desaparece solo con el tiempo": En muchos casos, el acné mejora con la edad, pero no siempre desaparece por completo sin tratamiento. Además, el acné no tratado puede dejar cicatrices permanentes. Es mejor buscar tratamiento temprano que esperar a que se resuelva solo.

  5. "Reventar los granos ayuda a que sanen más rápido": Falso y peligroso. Manipular las lesiones de acné puede introducir más bacterias, causar inflamación adicional, aumentar el riesgo de cicatrices y extender la infección a otras áreas.


Cuidado de la piel activo para hombres

Tratamientos médicos para el acné


    El tratamiento del acné debe ser individualizado y depende del tipo, severidad y respuesta del paciente. Existen múltiples opciones terapéuticas basadas en evidencia científica:


Tratamientos tópicos:

    Los retinoides tópicos, como la tretinoína, adapaleno y tazaroteno, son derivados de la vitamina A que ayudan a normalizar la descamación de las células dentro del folículo, previniendo la formación de comedones. Son efectivos tanto para el acné comedónico como inflamatorio y constituyen un pilar fundamental en el tratamiento a largo plazo (Zaenglein et al., 2016).

    El peróxido de benzoilo es un agente antimicrobiano que elimina la bacteria C. acnes y tiene propiedades antiinflamatorias leves. Puede usarse solo o en combinación con otros tratamientos. Es importante comenzar con concentraciones bajas para minimizar la irritación.

    Los antibióticos tópicos, como la clindamicina y la eritromicina, reducen la colonización bacteriana y la inflamación. Sin embargo, debido al riesgo de resistencia bacteriana, se recomienda usarlos siempre en combinación con peróxido de benzoilo y no como monoterapia.

    El ácido azelaico tiene propiedades antibacterianas y antiinflamatorias, y además ayuda a reducir la hiperpigmentación postinflamatoria, un problema común tras la resolución de las lesiones de acné.


Tratamientos sistémicos:

    Los antibióticos orales, como la doxiciclina y la minociclina, se reservan para casos de acné moderado a severo, especialmente cuando hay afectación extensa o del tronco. Deben usarse por períodos limitados y siempre en combinación con tratamientos tópicos para prevenir resistencias (Dréno et al., 2018).


    Los anticonceptivos orales combinados pueden ser efectivos en mujeres con acné relacionado con factores hormonales. Funcionan reduciendo la producción de andrógenos ováricos y aumentando las proteínas que se unen a estas hormonas en sangre, disminuyendo así su efecto sobre las glándulas sebáceas.


    La isotretinoína oral es el tratamiento más efectivo para el acné severo, nodular o resistente a otros tratamientos. Es un retinoide sistémico que reduce dramáticamente la producción de sebo, tiene efectos antiinflamatorios y antibacterianos, y normaliza la queratinización folicular. Sin embargo, tiene efectos secundarios significativos y requiere un monitoreo médico estricto, incluyendo controles analíticos regulares. Está absolutamente contraindicada en el embarazo debido a su alto potencial teratogénico (Zaenglein et al., 2016).


    La espironolactona, un antagonista de los andrógenos, puede ser útil en mujeres adultas con acné hormonal resistente a otros tratamientos.


Otros tratamientos:

    Los peelings químicos con ácidos glicólico, salicílico o mandélico pueden ser útiles como tratamiento coadyuvante, especialmente para el acné comedónico y las manchas residuales.


    La terapia con láser y luz, incluida la terapia fotodinámica, ha mostrado resultados prometedores en algunos casos, aunque su uso no está tan estandarizado como los tratamientos convencionales.


Cuidados de la piel y recomendaciones prácticas


    Además del tratamiento médico, establecer una rutina adecuada de cuidado de la piel es fundamental para controlar el acné y prevenir nuevas lesiones:


  • Limpieza facial: lava tu rostro dos veces al día con un limpiador suave, preferiblemente sin jabón y formulado para piel propensa al acné. Evita productos irritantes o muy abrasivos. No frotes vigorosamente; usa movimientos suaves con las yemas de los dedos.

  • Hidratación: aunque parezca contradictorio, incluso la piel grasa con acné necesita hidratación. Elige productos no comedogénicos, libres de aceites y específicos para tu tipo de piel. Muchos tratamientos para el acné pueden resecar la piel, por lo que la hidratación es crucial.

  • Protección solar: usa protector solar diariamente, incluso en días nublados. Elige fórmulas oil-free o en gel, específicas para piel acneica. Muchos tratamientos para el acné aumentan la sensibilidad solar, por lo que la fotoprotección es esencial para prevenir manchas y daño cutáneo.

  • Maquillaje y cosméticos: si usas maquillaje, busca productos etiquetados como "no comedogénicos" u "oil-free". Retira completamente el maquillaje antes de dormir. Limpia regularmente brochas y esponjas de aplicación, ya que pueden acumular bacterias.

  • Alimentación: aunque la relación entre dieta y acné no está completamente establecida, algunos estudios sugieren beneficios al reducir alimentos con alto índice glucémico (azúcares refinados, pan blanco) y limitar los lácteos. Mantén una dieta equilibrada rica en frutas, verduras, proteínas magras y grasas saludables (Melnik, 2015).

  • Gestión del estrés: el estrés puede empeorar el acné. Incorpora técnicas de relajación como yoga, meditación, ejercicio regular o cualquier actividad que te ayude a manejar el estrés.

  • Evita tocar tu rostro: las manos tocan numerosas superficies durante el día y pueden transferir bacterias a la cara. Evita apoyar la mejilla en las manos y nunca manipules las lesiones.


Limpieza facial para controlar el acné

Conclusión


    El acné es una condición dermatológica compleja que va más allá de un simple problema cosmético. Afecta no solo la apariencia física sino también el bienestar emocional de quienes lo padecen. Comprender sus causas, reconocer sus diferentes manifestaciones y aplicar tratamientos basados en evidencia científica son pasos fundamentales hacia una piel más saludable.


    Es importante recordar que cada persona es única, y lo que funciona para uno puede no ser adecuado para otro. El manejo del acné requiere un enfoque personalizado que considere no solo el tipo y severidad de las lesiones, sino también factores individuales como la edad, el tipo de piel, posibles desencadenantes hormonales y el impacto emocional de la condición.


    Los avances en la comprensión de la fisiopatología del acné han llevado al desarrollo de múltiples opciones terapéuticas efectivas. Desde tratamientos tópicos para casos leves hasta terapias sistémicas para formas más severas, existe una amplia gama de herramientas que pueden ayudarte a controlar el acné y prevenir sus secuelas.


    Recuerda que el tratamiento del acné requiere tiempo, paciencia y constancia. Los resultados no son inmediatos, pero con el enfoque correcto, la gran mayoría de personas puede lograr una mejoría significativa y duradera. Tu piel merece el mejor cuidado, respaldado por evidencia científica y una atención médica de calidad.


Para más información sobre cuidados de la salud y bienestar, te invito a visitar mi blog, donde encontrarás artículos sobre diversos temas relacionados con la medicina de familia y la atención primaria.


¿Cuándo acudir a consulta médica?


Aunque el acné leve puede manejarse con productos de venta libre, existen situaciones en las que es fundamental buscar atención médica profesional:


  • Cuando el acné es persistente

  • Si presentas lesiones profundas, dolorosas, quistes o nódulos

  • Cuando el acné afecta tu autoestima, confianza o bienestar emocional

  • Si aparecen signos de cicatrices o manchas oscuras persistentes

  • En casos de acné súbito y severo en adultos, especialmente si se acompaña de otros síntomas

  • Cuando aparece acné después de iniciar un nuevo medicamento

  • Si tienes dudas sobre cuál es el mejor tratamiento para tu tipo de piel


    En la consulta médica, realizaré una evaluación completa de tu caso, considerando el tipo y severidad del acné, posibles factores desencadenantes, tu historial médico y tus expectativas. Esto me permitirá diseñar un plan de tratamiento personalizado y monitorizar tu evolución para ajustar la terapia según sea necesario.



¿Has luchado contra el acné y encontrado un tratamiento que realmente te haya funcionado? 


     Me encantaría conocer tu experiencia. Comparte en los comentarios qué estrategias te han ayudado o qué dudas tienes sobre el cuidado de tu piel. Tu historia puede ser de gran ayuda para otras personas que estén atravesando una situación similar. Y recuerda, si necesitas orientación personalizada, no dudes en contactar conmigo para agendar una cita médica.



Preguntas Frecuentes (FAQ)

  • ¿El acné es contagioso?

    No, el acné no es contagioso. Aunque involucra la presencia de bacterias, estas son parte de la flora normal de la piel y no se transmiten de persona a persona. Los factores que causan el acné son principalmente hormonales, genéticos e inflamatorios, no infecciosos.

  • ¿Cuánto tiempo tarda en hacer efecto el tratamiento para el acné?

    La mayoría de los tratamientos para el acné requieren paciencia. Generalmente, se necesitan entre 6 y 8 semanas para comenzar a ver resultados significativos, y puede tomar de 3 a 4 meses alcanzar el beneficio completo. Es importante ser constante con el tratamiento prescrito y no desanimarse si no ves resultados inmediatos. En algunos casos, el acné puede empeorar ligeramente durante las primeras semanas antes de mejorar, especialmente con retinoides tópicos.

  • ¿Puedo usar remedios naturales para tratar el acné?

    Algunos ingredientes naturales como el aceite de árbol de té han mostrado cierta eficacia antibacteriana en estudios, aunque generalmente son menos efectivos que los tratamientos convencionales. Sin embargo, muchos "remedios caseros" populares carecen de evidencia científica y algunos pueden irritar la piel o empeorar el acné. Es preferible consultar con un médico de familia antes de probar tratamientos alternativos, especialmente si tu acné es moderado o severo.

  • ¿El acné deja siempre cicatrices?

    No necesariamente. El riesgo de cicatrices depende de varios factores: el tipo y severidad del acné, el tratamiento recibido, la genética y cómo se manejen las lesiones. El acné leve y comedónico raramente deja cicatrices. El acné inflamatorio profundo, especialmente el nodular y quístico, tiene mayor riesgo. Manipular las lesiones aumenta significativamente la probabilidad de cicatrices. El tratamiento temprano y adecuado es la mejor estrategia para prevenir secuelas permanentes. Si ya existen cicatrices, existen tratamientos dermatológicos específicos que pueden mejorar su apariencia.


 Bibliografía (formato APA)

  • American Academy of Dermatology. (2023). Acne: Diagnosis and treatment. https://www.aad.org/public/diseases/acne/treatment

  • Dréno, B., Pécastaings, S., Corvec, S., Veraldi, S., Khammari, A., & Roques, C. (2018). Cutibacterium acnes (Propionibacterium acnes) and acne vulgaris: A brief look at the latest updates. Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology, 32(Suppl 2), 5-14. https://doi.org/10.1111/jdv.15043

  • Makrantonaki, E., Ganceviciene, R., & Zouboulis, C. (2011). An update on the role of the sebaceous gland in the pathogenesis of acne. Dermato-Endocrinology, 3(1), 41-49. https://doi.org/10.4161/derm.3.1.13900

  • Melnik, B. C. (2015). Linking diet to acne metabolomics, inflammation, and comedogenesis: An update. Clinical, Cosmetic and Investigational Dermatology, 8, 371-388. https://doi.org/10.2147/CCID.S69135

  • Williams, H. C., Dellavalle, R. P., & Garner, S. (2012). Acne vulgaris. The Lancet, 379(9813), 361-372. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(11)60321-8

  • Zaenglein, A. L., Pathy, A. L., Schlosser, B. J., Alikhan, A., Baldwin, H. E., Berson, D. S., ... & Bhushan, R. (2016). Guidelines of care for the management of acne vulgaris. Journal of the American Academy of Dermatology, 74(5), 945-973. https://doi.org/10.1016/j.jaad.2015.12.037



Dra. Cristina Díaz Magister

Médico de Familia (col. nº 282878099, ICOMEM).

💬 Nota: La información de este artículo tiene carácter general y no sustituye una consulta médica personalizada. Cada caso requiere una valoración individual; si tienes síntomas o dudas sobre tu salud, consulta con un profesional sanitario.

1 comentario

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Sara
24 nov 2025
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Muy buena explicación doctora, ahora ya sé por qué me mandan los tratamientos

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