Insomnio en adultos: guía práctica desde la medicina de familia
- dradiazmagister
- 3 dic 2025
- 14 Min. de lectura
Actualizado: 7 dic 2025

Artículo revisado y actualizado por: Dra. Cristina Díaz Magíster
Última revisión: 3 de diciembre de 2025
Introducción
El insomnio es uno de los trastornos del sueño más frecuentes en la población adulta, afectando significativamente la calidad de vida, el rendimiento laboral, las relaciones personales y la salud física y mental. Se estima que entre el 10% y el 30% de los adultos experimentan síntomas de insomnio en algún momento de su vida, y aproximadamente un 10% sufre de insomnio crónico (American Academy of Sleep Medicine, 2014).
Hemos normalizado no dormir bien y desde la medicina de familia, el insomnio representa un motivo de consulta habitual que requiere un abordaje integral, personalizado y basado en la mejor evidencia científica disponible. Es un problema complejo que puede tener múltiples causas: factores psicológicos como el estrés y la ansiedad hasta condiciones médicas subyacentes, malos hábitos de sueño o efectos secundarios de medicamentos.

En este artículo, abordaremos el insomnio desde una perspectiva práctica y cercana, ofreciendo información útil para comprender sus causas, identificar cuándo es necesario buscar ayuda profesional y conocer las estrategias terapéuticas más efectivas. El objetivo es proporcionar herramientas concretas que te permitan mejorar tu descanso nocturno y, con ello, tu bienestar general.
Es importante destacar que el tratamiento del insomnio ha evolucionado significativamente en los últimos años. Actualmente, las guías clínicas internacionales recomiendan priorizar las intervenciones no farmacológicas, como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), antes de recurrir a medicación (Qaseem et al., 2016). Esta aproximación busca abordar las causas del problema y promover cambios sostenibles en los patrones de sueño.
Si llevas tiempo luchando contra el insomnio, experimentas dificultades persistentes para conciliar o mantener el sueño, o sientes que tu descanso nocturno afecta tu día a día, este artículo está pensado para ti.

¿Qué es el insomnio y cómo se diagnostica?
El insomnio se define como una dificultad persistente para iniciar el sueño, mantenerlo durante la noche o experimentar un sueño reparador, a pesar de tener las condiciones y el tiempo adecuados para dormir (Sateia, 2014). Esta alteración debe ocasionar malestar significativo o deterioro en áreas importantes del funcionamiento diario, como el trabajo, las relaciones sociales o el bienestar emocional.
Existen diferentes tipos de insomnio según su duración y características. El insomnio agudo o de corta duración suele estar relacionado con situaciones estresantes específicas (problemas laborales, familiares, eventos traumáticos) y tiende a resolverse cuando la situación se normaliza. Por otro lado, el insomnio crónico se caracteriza por dificultades para dormir que ocurren al menos tres noches por semana durante un período de tres meses o más.
El diagnóstico del insomnio es fundamentalmente clínico y se basa en una evaluación detallada de los síntomas, el historial médico completo, los hábitos de sueño y el impacto funcional del problema. Durante la consulta médica, es habitual que se utilicen herramientas como diarios de sueño, cuestionarios específicos (como el Índice de Severidad del Insomnio) y una exploración física para descartar otras condiciones médicas.
En algunos casos, cuando existe sospecha de otros trastornos del sueño como la apnea obstructiva del sueño o el síndrome de piernas inquietas, puede ser necesario realizar estudios adicionales como la polisomnografía. Sin embargo, estas pruebas no suelen ser necesarias para el diagnóstico rutinario del insomnio primario.
Es fundamental diferenciar el insomnio de la privación voluntaria del sueño. Muchas personas no duermen lo suficiente debido a sus horarios de trabajo, obligaciones familiares o hábitos personales, pero esto no constituye insomnio en sentido médico. El insomnio implica una incapacidad para dormir adecuadamente incluso cuando se dispone de tiempo y condiciones apropiadas para hacerlo.
Causas principales del insomnio en adultos
El insomnio es un trastorno multifactorial que puede tener origen en diversas causas, las cuales frecuentemente se superponen. Comprender qué factores están contribuyendo a tu problema de sueño es el primer paso para encontrar una solución efectiva.
Factores psicológicos: el estrés, la ansiedad y la depresión son las causas más comunes de insomnio crónico (Taylor et al., 2005). Las preocupaciones laborales, familiares o económicas pueden mantener la mente activa durante la noche, dificultando la relajación necesaria para conciliar el sueño. La rumiación mental—dar vueltas repetidamente a los mismos pensamientos—es especialmente problemática.
Condiciones médicas: numerosas enfermedades pueden interferir con el sueño normal. El dolor crónico asociado a artritis, fibromialgia o problemas de espalda dificulta encontrar una postura cómoda. Los problemas respiratorios como el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica pueden causar despertares nocturnos. Las alteraciones endocrinas, como el hipertiroidismo o la diabetes mal controlada, también afectan la calidad del sueño.
Medicamentos y sustancias: ciertos medicamentos pueden provocar insomnio como efecto secundario, incluyendo algunos antidepresivos, corticoides, broncodilatadores y medicamentos para la presión arterial. El consumo de cafeína, incluso en horario vespertino, puede interferir significativamente con el sueño. El alcohol, aunque inicialmente puede facilitar el adormecimiento, fragmenta el sueño en la segunda mitad de la noche y reduce su calidad.
Malos hábitos de sueño: la higiene del sueño inadecuada es un factor modificable muy relevante. Esto incluye horarios irregulares para acostarse y levantarse, siestas largas o tardías, uso de dispositivos electrónicos en la cama, ambiente inadecuado del dormitorio (exceso de luz, ruido o temperatura inadecuada) y realizar actividades estimulantes cerca de la hora de dormir.
Factores ambientales y laborales: el trabajo por turnos, especialmente los turnos nocturnos o rotativos, desajusta los ritmos circadianos naturales del cuerpo. Los viajes frecuentes a través de zonas horarias diferentes (jet lag) también pueden desencadenar insomnio temporal.

Consecuencias del insomnio en la salud
El insomnio crónico no es simplemente una molestia nocturna; tiene repercusiones importantes para la salud física, mental y el funcionamiento diario. Entender estas consecuencias subraya la importancia de buscar ayuda profesional cuando el problema persiste.
Impacto en la salud física: la privación crónica de sueño se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2 y obesidad (Cappuccio et al., 2011). El sueño inadecuado afecta el metabolismo de la glucosa, aumenta la inflamación sistémica y altera las hormonas que regulan el apetito, favoreciendo el aumento de peso.
Consecuencias psicológicas: existe una relación bidireccional entre el insomnio y los trastornos de ansiedad y depresión. El insomnio crónico aumenta significativamente el riesgo de desarrollar depresión mayor, y a su vez, estos trastornos emocionales perpetúan las dificultades para dormir (Baglioni et al., 2011). También se observa un deterioro en la calidad de vida subjetiva y el bienestar emocional general.
Funcionamiento diurno: la somnolencia diurna, la fatiga persistente, las dificultades de concentración y los problemas de memoria son consecuencias directas del sueño insuficiente. Esto se traduce en menor productividad laboral, aumento del absentismo y mayor riesgo de accidentes laborales y de tráfico. La irritabilidad y los cambios de humor pueden afectar negativamente las relaciones interpersonales.
Sistema inmunológico: el sueño juega un papel crucial en la función inmunológica. Las personas con insomnio crónico pueden experimentar una respuesta inmunitaria debilitada, haciéndolas más susceptibles a infecciones comunes como resfriados y gripe.
Todas estas consecuencias refuerzan la necesidad de abordar el insomnio de manera proactiva y buscar atención médica cuando el problema no se resuelve con medidas básicas de higiene del sueño.

Tratamiento del insomnio: enfoque integral
El abordaje terapéutico del insomnio debe ser personalizado y considerar las causas subyacentes, la gravedad del problema y las preferencias del paciente. Las guías clínicas actuales recomiendan comenzar con intervenciones no farmacológicas como primera línea de tratamiento.
Terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I): esta intervención psicológica estructurada es considerada el tratamiento más efectivo para el insomnio crónico, con evidencia científica sólida que demuestra su eficacia a largo plazo (Trauer et al., 2015). La TCC-I incluye varios componentes:
Control de estímulos: asociar la cama exclusivamente con el sueño, acostarse solo cuando se tiene sueño, levantarse si no se logra dormir en 15-20 minutos.
Restricción de sueño: limitar inicialmente el tiempo en cama al tiempo real de sueño, aumentándolo gradualmente.
Técnicas de relajación: respiración diafragmática, relajación muscular progresiva, mindfulness.
Reestructuración cognitiva: identificar y modificar pensamientos disfuncionales sobre el sueño ("si no duermo 8 horas estaré fatal mañana").
Higiene del sueño: estas recomendaciones básicas son fundamentales para crear las condiciones óptimas para un buen descanso:
Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana.
Crear un ambiente propicio: habitación oscura, silenciosa, fresca (18-21°C).
Evitar cafeína después del mediodía y limitar el alcohol.
No usar dispositivos electrónicos al menos una hora antes de dormir.
Realizar ejercicio regular, preferentemente en las primeras horas del día.
Establecer una rutina relajante antes de dormir (lectura ligera, baño tibio).
Tratamiento de condiciones subyacentes: si el insomnio es secundario a otra condición médica o psiquiátrica, el tratamiento debe dirigirse también a esa causa primaria. El control adecuado del dolor crónico, el tratamiento de la ansiedad o la depresión, o el ajuste de medicaciones que interfieren con el sueño pueden resolver significativamente el problema.

Cuándo considerar el tratamiento farmacológico
Aunque las intervenciones no farmacológicas son el tratamiento de primera línea para el insomnio crónico, existen situaciones en las que la medicación puede ser necesaria y beneficiosa. Es fundamental que cualquier tratamiento farmacológico se realice bajo supervisión médica y forme parte de un plan terapéutico integral que incluya también medidas conductuales.
Los medicamentos para el insomnio pueden estar indicados en varias circunstancias específicas:
Insomnio agudo relacionado con situaciones estresantes puntuales (duelo, crisis personal, hospitalización).
En casos de insomnio muy severo, con impacto notable en la vida cotidiana y agotamiento extremo.
Como complemento temporal a la terapia cognitivo-conductual mientras esta comienza a hacer efecto.
En casos de insomnio secundario a condiciones médicas que no pueden controlarse completamente.
Sin embargo, es importante entender que los fármacos para dormir no curan el insomnio; proporcionan alivio sintomático temporal mientras se trabaja en las causas subyacentes del problema.
Benzodiacepinas
Las benzodiacepinas (como lorazepam, lormetazepam o diazepam) fueron durante décadas los medicamentos más prescritos para el insomnio. Actúan potenciando el efecto del neurotransmisor GABA, produciendo sedación, relajación muscular y efecto ansiolítico.
Ventajas:
Eficacia demostrada para reducir el tiempo de latencia del sueño (tiempo hasta dormirse).
Acción relativamente rápida.
Pueden ser útiles cuando coexiste ansiedad significativa.
Desventajas e inconvenientes:
Riesgo elevado de dependencia física y psicológica, especialmente con uso prolongado.
Desarrollo de tolerancia: necesidad de aumentar la dosis para obtener el mismo efecto.
Síndrome de abstinencia al suspenderlas bruscamente, con empeoramiento del insomnio ("insomnio de rebote").
Somnolencia residual al día siguiente, afectando la concentración y el rendimiento.
Deterioro de la memoria y las funciones cognitivas.
Mayor riesgo de caídas y fracturas, particularmente en personas mayores.
Alteran la arquitectura normal del sueño, reduciendo el sueño de ondas lentas (sueño profundo).
Interacciones con alcohol y otros depresores del sistema nervioso central.
Recomendaciones actuales:
Las guías clínicas desaconsejan el uso prolongado de benzodiacepinas para el insomnio (Qaseem et al., 2016). Si se prescriben, debe ser durante el menor tiempo posible (generalmente no más de 2-4 semanas) y con un plan claro de retirada gradual.
Fármacos Z (hipnóticos no benzodiacepínicos)
Este grupo incluye zolpidem, zopiclona y zaleplon. Aunque químicamente diferentes de las benzodiacepinas, actúan sobre los mismos receptores GABA y tienen un perfil de efectos similar, aunque con algunas diferencias.
Ventajas:
Vida media más corta que muchas benzodiacepinas, lo que teóricamente reduce la somnolencia residual.
Menor efecto sobre la arquitectura del sueño comparado con benzodiacepinas.
Efectivos para reducir el tiempo de latencia del sueño.
Desventajas e inconvenientes:
Aunque inicialmente se pensó que tenían menor riesgo de dependencia que las benzodiacepinas, la evidencia actual muestra que este riesgo sigue siendo significativo.
Somnolencia diurna, mareos y dolor de cabeza.
Mayor riesgo de caídas en personas mayores.
Síntomas de abstinencia e insomnio de rebote al suspenderlos.
No recomendados para uso prolongado (más de 4 semanas).
Antidepresivos sedantes
Algunos antidepresivos con propiedades sedantes, como la trazodona, mirtazapina o la doxepina a dosis bajas, se utilizan frecuentemente "off-label" (fuera de indicación aprobada) para el tratamiento del insomnio.
Ventajas:
No generan dependencia física ni tolerancia significativa.
Pueden ser especialmente útiles cuando coexiste depresión o ansiedad.
La trazodona a dosis bajas (25-100 mg) es una de las opciones más prescritas por su buen perfil de seguridad.
No están clasificadas como sustancias controladas.
Desventajas e inconvenientes:
La evidencia científica de su eficacia específica para el insomnio es limitada comparada con otros tratamientos.
Efectos secundarios: sedación diurna (especialmente con mirtazapina), aumento de peso, boca seca, estreñimiento.
La trazodona puede causar hipotensión ortostática (mareo al levantarse) en personas mayores.
Algunos pacientes desarrollan tolerancia a su efecto sedante con el tiempo.
No son una solución rápida; pueden tardar días o semanas en mostrar beneficio completo.
Cuándo considerarlos:
Son una opción razonable en pacientes con insomnio crónico que también presentan síntomas depresivos o ansiosos, o en aquellos con antecedentes de abuso de sustancias en quienes las benzodiacepinas están contraindicadas.
Melatonina y agonistas de receptores de melatonina
La melatonina es una hormona natural que regula el ciclo sueño-vigilia. Está disponible como suplemento y también existe un fármaco agonista de sus receptores (ramelteon, aunque no está comercializado en todos los países).
Ventajas:
Perfil de seguridad muy favorable, con mínimos efectos secundarios.
No genera dependencia ni síndrome de abstinencia.
Puede ser particularmente útil en alteraciones del ritmo circadiano (trabajo por turnos, jet lag).
Útil en personas mayores, ya que los niveles naturales de melatonina disminuyen con la edad.
Las formulaciones de liberación prolongada pueden ayudar tanto a conciliar como a mantener el sueño.
Desventajas e inconvenientes:
La eficacia para el insomnio primario es modesta según los estudios científicos (Ferracioli-Oda et al., 2013).
Variabilidad importante en la respuesta individual: funciona bien para algunas personas y no tiene efecto en otras.
La dosis óptima no está claramente establecida (los estudios varían entre 0.5-10 mg).
Puede causar somnolencia diurna si se toma en dosis altas o en momento inadecuado.
Efectos secundarios ocasionales: dolor de cabeza, mareos, náuseas.
Calidad variable entre productos comerciales (concentraciones no siempre exactas).
Recomendaciones de uso:
La melatonina suele tomarse 30-60 minutos antes de la hora deseada de dormir. Es más efectiva para el insomnio de conciliación que para el insomnio de mantenimiento. Las dosis bajas (0.5-3 mg) suelen ser tan efectivas como las altas y con menos efectos secundarios.
Antihistamínicos sedantes
Fármacos como la difenhidramina o la doxilamina son ampliamente utilizados para el insomnio ocasional.
Ventajas:
Efectivos para insomnio ocasional de corta duración.
Desventajas e inconvenientes:
Desarrollo rápido de tolerancia (pérdida de eficacia en pocos días de uso continuo).
Sedación significativa al día siguiente, con deterioro de la concentración y el rendimiento.
Efectos anticolinérgicos: boca seca, estreñimiento, retención urinaria, visión borrosa.
En personas mayores, pueden causar confusión, deterioro cognitivo y mayor riesgo de caídas.
No recomendados para uso regular o prolongado.
Pueden empeorar condiciones como glaucoma, hipertrofia prostática o demencia.
Recomendación profesional:
Los antihistamínicos no son apropiados para el tratamiento del insomnio crónico. Su uso debería limitarse a situaciones puntuales muy específicas y nunca en personas mayores de 65 años.
Cuándo consultar con tu médico de familia
Aunque algunos episodios breves de insomnio pueden resolverse por sí solos o con medidas básicas de higiene del sueño, existen situaciones en las que es fundamental buscar ayuda profesional. La consulta médica permite realizar una evaluación completa, identificar posibles causas tratables y establecer un plan terapéutico personalizado.
Deberías solicitar una cita médica si:
El insomnio persiste durante más de tres semanas a pesar de implementar medidas de higiene del sueño.
Las dificultades para dormir afectan significativamente tu funcionamiento diario: rendimiento laboral, relaciones personales, estado de ánimo.
Experimentas somnolencia diurna excesiva que interfiere con actividades cotidianas o supone un riesgo (conducción, operación de maquinaria).
Presentas síntomas que sugieren otros trastornos del sueño: ronquidos intensos con pausas respiratorias (apnea del sueño), sensaciones desagradables en las piernas que mejoran al moverlas (síndrome de piernas inquietas), movimientos repetitivos durante el sueño.
El insomnio se acompaña de síntomas de depresión o ansiedad significativos.
Tienes condiciones médicas crónicas que podrían estar contribuyendo al problema.
La ventaja de acudir a tu médico de familia es que conoce tu historial clínico completo, tus antecedentes personales y familiares, y puede realizar una valoración integral del problema. Esto permite identificar factores específicos que puedan estar contribuyendo a tu insomnio y diseñar un plan de tratamiento adaptado a tus necesidades particulares.
Para aprovechar al máximo la consulta, es útil llevar información preparada: un diario de sueño de una o dos semanas (horarios de acostarse y levantarse, tiempo estimado para conciliar el sueño, despertares nocturnos), listado de medicamentos que tomas, consumo de cafeína y alcohol, y cualquier otro síntoma relevante.
Si resides en la zona oeste de Madrid y necesitas una valoración profesional del insomnio o cualquier otra consulta relacionada con tu salud, puedes solicitar tu cita médica o explorar los diferentes servicios que ofrezco para recibir atención personalizada.
Conclusión
El insomnio es un problema de salud frecuente y significativo que afecta la calidad de vida de millones de personas, pero la buena noticia es que existen tratamientos efectivos basados en evidencia científica. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio, las medidas de higiene del sueño y el tratamiento de las condiciones médicas subyacentes son las piedras angulares del manejo exitoso del insomnio.
Si llevas tiempo luchando contra las dificultades para dormir, es importante que no te resignes a convivir con el problema. El insomnio crónico tiene consecuencias para tu salud física, mental y tu funcionamiento diario, y buscar ayuda profesional es el primer paso hacia la recuperación de un sueño reparador.
Tu médico de familia puede realizar una evaluación completa de tu situación particular, identificar factores contribuyentes y diseñar un plan de tratamiento personalizado que se adapte a tus necesidades. El abordaje del insomnio requiere tiempo, paciencia y, frecuentemente, cambios en los hábitos, pero los resultados a largo plazo merecen el esfuerzo.
Recuerda que dormir bien es una necesidad fundamental para tu salud y bienestar. Si necesitas ayuda profesional o deseas más información sobre otros temas de salud, te invitamos a explorar más contenido en nuestro blog, donde encontrarás artículos basados en evidencia científica sobre diversos aspectos de la medicina de familia.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Cuántas horas de sueño necesito realmente?
Las necesidades de sueño varían entre individuos, pero la mayoría de los adultos necesitan entre 7 y 9 horas de sueño por noche para funcionar óptimamente (Hirshkowitz et al., 2015). Sin embargo, lo más importante no es solo la cantidad sino también la calidad del sueño. Algunas personas se sienten descansadas con 7 horas, mientras que otras requieren 9. La clave es despertar sintiéndose renovado y mantener un buen nivel de energía durante el día.
¿Son seguros los somníferos a largo plazo?
Los hipnóticos tradicionales (benzodiacepinas y fármacos Z) no están recomendados para uso prolongado debido al riesgo de dependencia, tolerancia y efectos secundarios como somnolencia residual, deterioro cognitivo y mayor riesgo de caídas, especialmente en personas mayores (Glass et al., 2005). Si necesitas medicación para dormir de forma continuada, es fundamental que lo hagas bajo supervisión médica y consideres alternativas no farmacológicas como la TCC-I.
¿Las siestas son buenas o malas para el insomnio?
Depende. Las siestas cortas (20-30 minutos) en las primeras horas de la tarde pueden ser beneficiosas para algunas personas y no interfieren con el sueño nocturno. Sin embargo, si sufres de insomnio, especialmente dificultad para conciliar el sueño por la noche, es recomendable evitar las siestas o limitarlas significativamente, ya que reducen la presión de sueño necesaria para dormirse por la noche.
¿Puede el ejercicio físico mejorar mi insomnio?
Sí, existe evidencia sólida de que el ejercicio regular mejora la calidad del sueño y puede ser beneficioso para personas con insomnio (Passos et al., 2012). El ejercicio moderado realizado de forma regular (al menos 150 minutos por semana) ayuda a regular los ritmos circadianos y reduce la ansiedad. Sin embargo, es mejor evitar ejercicio intenso en las 3-4 horas previas a acostarse, ya que puede tener un efecto estimulante.
¿Cuál ha sido tu mayor desafío al intentar mejorar tu sueño?
Me encantaría conocer tu experiencia. ¿Has probado técnicas de relajación? ¿Has consultado con un profesional? ¿Qué estrategias te han funcionado mejor? Comparte tu historia en los comentarios para ayudar a otros lectores que puedan estar pasando por situaciones similares. Tu experiencia puede ser valiosa para alguien más.
Si tienes dudas específicas sobre tu caso particular o necesitas orientación personalizada, no dudes en solicitar tu consulta médica para recibir atención profesional adaptada a tus necesidades.
Bibliografía (formato APA)
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Cappuccio, F. P., Cooper, D., D'Elia, L., Strazzullo, P., & Miller, M. A. (2011). Sleep duration predicts cardiovascular outcomes: A systematic review and meta-analysis of prospective studies. European Heart Journal, 32(12), 1484-1492. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehr007
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Dra. Cristina Díaz Magister
Médico de Familia (col. nº 282878099, ICOMEM).
💬 Nota: La información de este artículo tiene carácter general y no sustituye una consulta médica personalizada. Cada caso requiere una valoración individual; si tienes síntomas o dudas sobre tu salud, consulta con un profesional sanitario.